No estoy solo, me tengo a mi

 

 Buen día, te comparto la SUGERENCIA DE TRABAJO INTERNO NOVIEMBRE, 2020.

 

Utilizaremos la energía del día para reflexionar sobre la virtud de la soledad; parte V y final.

 

Nos inspiramos en un texto de Carlos Díaz, publicado en el BLOG EN LLAMAS.

 

Es inevitable que tengamos en nuestro interior influencias externas.

 

Cuando llegamos a este mundo, no teníamos ninguna influencia exterior y, sin embargo, ya llevábamos marcada nuestra personalidad. Este mundo se rige por un orden social que invariablemente nos afecta, y hasta cierto punto nuestra personalidad no es del todo nuestra. Gustos y aficiones se ven moldeados por influencias exteriores, experiencias y compañías. 

 

Conforme avanzan los años, dicha personalidad se va modificando y enterrando bajo capas y capas de máscaras.

 

Aún así, seguimos llevando nuestra esencia. Esa personalidad que sale a relucir sólo cuando no hay otros ojos mirándonos. Cuando nos aislamos por la calle y comenzamos a hablar con nosotros mismos, creando diálogos con nuestros pensamientos. Cuando en la soledad de la regadera nos ponemos a cantar desinhibidos alguna canción. Cuando, sin más, nos sentamos en nuestro cuarto en cualquier posición, cómodos hasta el extremo, sabiéndonos completa y enteramente solos. Son esos destellos los que nos llevan a la honestidad más pura de nuestra esencia, debajo de todas las máscaras que la sociedad nos obliga a usar.

 

La sol-edad es el motor de nuestra vida.

 

Por instinto, el cuerpo humano busca su beneficio, tanto sentimental, como físico. Nuestro instinto de bienestar nos hará actuar en favor de nosotros, en mayor o menor medida. Es entonces cuando se vuelve importante conocernos. Entonces podremos saber por qué hacemos lo que hacemos, y cómo hacerlo mejor. Pero, a final de cuentas, a nadie nos gusta estar solos. Sin embargo, nacimos solos y solos nos vamos a morir. Por ello hay que encontrar en la soledad la compañía perfecta: la de nosotros mismos. No estamos solos, nos tenemos a nosotros. La plenitud es clara. No es la soledad un afán de aislamiento. Es aprender a convivir mejor con uno. Entender y controlar nuestro ego y entonces, tal vez, ser mejores individuos en sociedad.

 

EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro SIETE VECES profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que no estoy solo, me tengo a mí; tomo decisiones conscientes para relacionarme.

 

EJERCICIO DE ESCRITURA, 3 minutos.

Identifico tres “creencias erróneas con respecto a la soledad”.

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ME REGALO 3 minutos.

¿Qué herramientas de vida pueden ayudarme a encontrar en la soledad “la compañía perfecta”: la mía?

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