Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el Hoy

Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte IV.

Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas. Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida.

Veamos la siguiente herida con su máscara correspondiente:

La herida de la HUMILLACIÓN y la máscara del MASOQUISMO.

La herida de la humillación se despierta en el niño cuando este siente que alguno de sus padres (indistinto el sexo) se siente avergonzado de él, o tiene miedo que se pueda sentir avergonzado porque se ha ensuciado, porque no guarda las formas sociales, o porque va mal vestido, etc. El niño se siente degradado, comparado, mortificado o avergonzado a nivel físico de “hacer” o “tener”. Uno puede sentirse culpable sin sentirse avergonzado, pero quien se siente avergonzado también se siente culpable.

Sentimos culpa cuando juzgamos que la cosa que hicimos (o no hicimos) está mal hecha. Sentimos vergüenza cuando consideramos que nosotros somos malos por hacer o no hacer algo. Normalmente la herida se activa con la madre, pero puede activarse con el padre si este era quien “controlaba” al niño y hacía el papel de madre, enseñándole como comer correctamente, cómo estar limpio, etc.

La humillación se despierta -por ejemplo-, cuando el niño escucha a su madre contando a su padre lo que ha hecho el niño. O cuando la madre descubre al niño tocandose los genitales y le grita: “no te da vergüenza?”. O cuando el niño ve a su padre desnudo y este rápidamente se tapa, el niño aprenderá a tener vergüenza de su propio cuerpo.

El niño se siente humillado si siente que sus padres controlan sus movimientos, dejándole poca libertad. Para no sentir la herida, el niño desarrolla la máscara masoquista. Con esa protección, el niño aprenderá a castigarse a sí mismo (humillarse) antes de que lo hagan otros. El cuerpo de una persona con la herida de la humillación suele ser de formas redondas y llenas.

El masoquista quiere demostrarse a sí mismo que es alguien sólido y que controla su vida (y la de los demás). A menudo lo encontramos ocupándose de los problemas de los demás, y olvidándose de sí mismos. Cuanto más responsabilidades de otros asumen, más peso coge su cuerpo. El masoquista piensa que ayudando a los demás evitará que se sientan avergonzados de él, pero a menudo se acaba sintiendo humillado y como si los demás se aprovecharan de su buena voluntad. A menudo son mediadores entre dos personas.

Los masoquistas no se dan cuenta que haciendo todo por los demás, acaban humillando a los demás, pues les hacen sentir que solos no podrían hacerlo. Deben aprender a no tomar tanto espacio en la vida de las personas a quienes aman. Deben aprender a dejar los demás tomar decisiones por sí mismos.

Los masoquistas generalmente no están en contacto con sus sentimientos pues tienen miedo de que los demás o sus madres se molesten o se avergüenzen de ellos. En el fondo les gusta la ropa bonita y el lujo, pero como creen que tienen que sufrir, no se permiten esos regalos. Son hiper-sensibles, y la mínima cosa les puede herir. Un comentario crítico ligero les puede hundir. Por eso hacen todo lo posible para no herir a los demás. Tan pronto alguien a quien aman se siente infeliz, el masoquista se siente responsables. Se culpan por todo, y asumen la culpa de los demás. Es su manera de ser “buenas personas”. No se da cuenta que estando tan empatizado con el humor del otro, se desconecta de sus propios sentimientos y necesidades. A menudo hacen cosas por los demás (como pintar la casa de otro) que no harían para sí mismos. La mujer que limpia la casa cuando vienen invitados, pero que no la limpia cuando está sola (pues no se siente lo suficiente importante).

El masoquista se siente unworthy, sin valor, no merecedor de ser amado o reconocido. Al creer que no tiene valor o importancia, cree que merece sufrir. Los masoquistas a menudo se siente sin poder frente aquellos cercanos a quienes aman. Cuando son culpabilizados (algo que atraen inconscientemente), se quedan mudos, paralizados, sin saber como defenderse.

La libertad es muy importante para los masoquistas. Ser libre significa no tener que dar explicaciones a nadie, no ser controlado por nadie, hacer lo que quieras cuando quieras. Cuando eran jóvenes, a los masoquistas les faltó libertad con sus padres. Cuando consiguen sentirse libres viven al máximo la vida, sin límites. Eso les lleva a comportamientos extremos (hacen demasiado, ayudan demasiado, gastan demasiado, creen que tienen demasiado, etc). Cuando viven sin límites se sienten avergonzados porque se sienten humillados por la mirada y comentario de los demás. Por eso tienen terror a encontrarse a sí mismos sin límites: creen que harían cosas que avergonzarían a los demás. Además creen que si se ponen a sí mismos en primer lugar, no serían de ayuda para los demás.

Su mayor miedo es la libertad. Se sabotean de muchas formas:
– Un hombre que se siente libre de tener varias novias, se creará problemas para verlas y esconder las unas de las otras.
– Un hombre que se siente atrapado en casa por su mujer controladora, se buscará dos trabajos para estar siempre fuera de casa. Creerá que así es libre, pero se engaña.
Lo que un masoquista hace para liberarse en un área le aprisiona en otra.
Los masoquistas tienen dificultades para satisfacerse o gozar. Cuando sienten placer estando con alguien o haciendo algo, se critican y se castigan por creer que están aprovechandose del otro. Aprovecharse del otro es lo último que desean, no quieren ser acusados. Por eso tienen dificultades con la sexualidad, pues les despierta culpa. De jóvenes se controlaban (reprimían) para que sus madre no se sintiera avergonzada. El sentido del deber es muy importante para ellos.

Pueden tener problemas de páncreas (diabetis y hipoglucemia), pues tienen dificultades para tratarse con dulzura. También pueden tener problemas de corazón pues no se aman a sí mismos lo suficiente, o no se sienten importantes como para sentir alegría. Normalmente, su forma de recompensarse es comiendo.

¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?

EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que las heridas que no soy capaz de hacerlas consciente se manifiestan en mi vida como destino.

Ejercicio consciente: Toma 30 minutos para ti.
Para ser consciente de la herida de la humillación, reconoceré las veces en las que me he sentido avergonzado de mi mismo o de otros, y las veces en que me he humillado a mi mismo… sintiéndome sin ningún valor, o me he comparado o criticado duramente. También me daré cuenta de las veces que he humillado al otro haciendo demasiado por él. Es importante que me de cuenta si mi madre o padre también sufren la misma herida.

Una vez que la herida está sanada, detrás de esa máscara masoquista se encuentran personas:
– Que conocen y respetan sus necesidades.
– Sensibles a las necesidades de los demás, y capaces de respetar la libertad del otro.
– Buenos conciliadores o mediadores.
– Joviales.
– Altruistas, generosos.
– Organizadores con talento.
– Sensuales, saben como gozar del amor.
– Con mucha dignidad; están orgullosos de ser quienes son.

Aquí y ahora aprendo a tomarme tiempo para sentir mis necesidades antes de decir “SÍ”; Asumir mi responsabilidad y liberarme de la carga y la culpa de los demás.

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